viernes, 13 de agosto de 2010

bibliotecas digitales por german beltran oscar patiño leonardo aponte







Ante la explosión documental provocada por la red informática, el papel de las bibliotecas en la organización, conservación y puesta a disposición de los documentos sigue ocupando un lugar fundamental. Contra la ilusión técnica de un universo documental “auto - organizado”, abierto a todos, en el cual la información circula libremente, abordar la cuestión a partir de la experiencia de las bibliotecas nos permite concebir, por el contrario, un equilibrio entre innovaciones técnicas y condiciones sociales de creación y difusión de los documentos. El acceso al saber para todos necesita “bibliotecas” en el universo digital, y las bibliotecas cambian de naturaleza y de función confrontándose a la necesidad de llenar sus misiones sociales y culturales en el ciberespacio.



Una definición socio - técnica



En el sentido tradicional, una “biblioteca” es un lugar en el cual los libros son:



Conservados para las generaciones futuras, con el fin de ofrecer una continuidad a la producción cultural y constituir la memoria colectiva; organizados: la “clasificación” forma parte de la emergencia de nuevos saberes y facilita la ubicación de documentos; y abiertos a la lectura por todos y en todo lugar. El usuario de una biblioteca puede consultar los libros “in situ” o utilizar la “red de bibliotecas” con el fin de¬ ¬obtener en su propia ciudad documentos que no están presentes en la colección local.



Las bibliotecas funcionan desde hace tiempo “en red”, para compartir el trabajo creando los “catálogos colectivos”, y para garantizar el Acceso Universal a las Publicaciones. Desde la invención de los ordenadores, los centros documentales han aprovechado para crear “bancos de datos”, verdaderos puntos de acceso a las referencias, especialmente en el campo científico.



De este modo las bibliotecas se vuelven responsables ante los lectores (permitirles acceder a toda la información del mundo) y ante los documentos (garantizar que serán legibles mañana, y que serán descritos en un banco de datos clasificado). Su experiencia puede servirnos de marco de trabajo para pensar en “documentos digitales” en la duración y en la organización del libre acceso al saber.



En los años 90, el mundo de las bibliotecas da nacimiento al concepto de “bibliotecas digitales” y decide conferirle tanto preocupaciones técnicas como misiones sociales y culturales. Christine Borgman [1] menciona en 1999 dos enfoques distintos que son utilizados entre los profesionales de las bibliotecas. Ella describe “un conjunto de recursos y de capacidades técnicas para crear, buscar y utilizar la información”, pero subraya también que “las bibliotecas digitales están concebidas y organizadas para (y por) una comunidad de usuarios, y sus medios son utilizados para responder a las necesidades de información y a los usos de esta comunidad”. Un enfoque que también fue propuesto por el Virginia Tech Institute en 1998: “una biblioteca digital no se resume en una colección digitalizada y en herramientas de gestión de la información. Es también un conjunto de actividades que ponen en relación las colecciones, los servicios y los usuarios a todo lo largo del ciclo de creación, difusión, uso y conservación de datos, información y conocimientos” [2].



El uso de la informática en las bibliotecas digitales ya no se limita a la creación de catálogos o de portales de acceso, sino que cubre el almacenamiento, la búsqueda y la provisión en un formato siempre legible, de los documentos en sí mismos, en su diversidad. Para la Association of Research Libraries, “las colecciones de las bibliotecas digitales no se limitan a un cúmulo de ¬referencias, sino que se refieren a todos los artefactos digitales que no pueden ser presentados o representados en forma impresa”[3]. La biblioteca digital es también una biblioteca “multimedia



El ,hábito de leer en los niños y jóvenes







Tras un examen de los materiales y actividades del grupo no me cabe la menor duda de que los docentes llevan a cabo una intensiva y entusiasta lucha en favor del desarrollo del hábito de la lectura entre niños y jóvenes. El problema con el que se enfrentan no es baladí. El entorno social y cultural en el que se desenvuelven nuestros jóvenes es poco propicio para estimular su receptividad. A la televisión se le han unido otros elementos, todos ellos ligados a la pantalla: juegos, ordenadores, psp, play station, etc. Probablemente muchos de estos elementos incentiven la imaginación y creatividad de los niños pero los resultados no parecen equilibrarse si se hacen a costa de notables déficits de lectura. Una gran parte de los jóvenes actuales destroza la escritura, posee una muy pobre capacidad de expresión y en consonancia no es capaz de trasladar o comunicar su potencial creativo. Esto me lleva a plantear que quizás sea necesaria una alianza entre las nuevas tecnologías y la lectura de libros. En esta línea podría estar la "Biblioteca Móvil", un proyecto en el que se trabaja actualmente en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y que anuncié en la anterior entrada (X Aniversario de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). También me queda claro que sin el apoyo de los docentes en la educación primaria y secundaria el mundo virtual, las bibliotecas móviles, los libros digitales serán pura entelequia a la hora de desarrollar el hábito de la lectura. Es el momento, pues, de las alianzas.







Digitalizar y archivar



Con el desarrollo de las redes, la lectura de los documentos se hace cada vez más a través de lo digital. Las bibliotecas se plantearon entonces muy rápido la pregunta acerca de la “digitalización” de los documentos impresos, pero también de la transformación de las películas o de las grabaciones sonoras, con el fin de facilitar su difusión. Rápidamente, también se dieron cuenta de que existía, en un crecimiento acelerado, un conjunto de documentos que originalmente eran digitales, especialmente en los sitios web.Otro aspecto de su trabajo se destinó a organizar estos documentos y a asegurarles su duplicado.



La digitalización de las obras impresas ha sido lanzada a principios de los años noventa en numerosas bibliotecas y centros de archivos en el mundo. Así, el programa Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia propone más de 7000 obras del siglo XIX, 80.000 imágenes y decenas de horas de grabaciones sonoras [5]. El programa “Google Print” [6], anunciado con grandes refuerzos mediáticos en diciembre de 2004, se propone digitalizar centenares de miles de obras de cinco bibliotecas de los Estados Unidos. Este anuncio hizo correr ríos de tinta, especialmente en Francia, donde el presidente de la Biblioteca Nacional de Francia aprovechó la ocasión para ampliar Gallica hacia un programa europeo multilingüe de digitalización [7]. El acceso a la cultura del pasado se vuelve, a través de la digitalización

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